lunes, 8 de abril de 2013

Cenicienta Trucha



Últimamente he llegado a pensar que cuando nací me visitó una hada madrina malvada que sin ningún tipo de piedad me maldijo con unos pies chotos y me hizo inadecuada en el amor.
A qué viene esto? Sufro de dolor de pies con todo lo que me pongo... desde ojotas hasta zapatillas, sandalias o chatitas. Lo único que, por el momento, no tortura a mis pies son las adorables pantuflas.
No les miento cuando les digo que me calzo con mis chatitas camino un par de cuadras y de seguro ya me salió una ampolla al costado del dedo gordo o me empieza a doler el talón o algo por el estilo. No se puede vivir así!
Al principio pensaba que el calzado que me compraba era de mala calidad y eso generaba las molestias... pero si me ponga lo que me ponga mis pies siguen quejándose quizás ese no sea el problema. Quizás el problema es que tengo unos pies chotos. O quizás es que camino mal (es la opción que más le gusta a mi papá). La verdad es que no lo sé.
Y ni les cuento del tema que resulta querer comprarme zapatos nuevos. El problema más frecuente es que no me gusta nada de lo que veo en ninguna vidriera, todo me parece un vómito de mal gusto. Si me gusta algo lo más seguro es que salga una barbaridad que, obviamente, no me puedo comprar; y si es accesible, de seguro los problemas son los más corrientes: no tienen el color que quiero (que usualmente es negro porque es básico y es más fácil de combinar), o no tienen mi número... no debe haber tantas patonas que calcen 40... sé que entre mis conocidas es algo raro y no entiendo por qué siendo petisa calzo tanto. 
A veces pienso que me encantaría poder andar por la vida en mis cómodas pantuflas pero la gente me miraría feo... lo que es rídiculo pensando en que hay algunas que usan estas cosas y nadie les dice nada (bueno yo me les rio y sigo pensando que lo peor de todo no es que sean unos zapatos horrendos y asquerosamente caros, sino que hay algunas que se los compran y los usan!!!)
Pero en fin... siempre que tengo que comprarme un nuevo par de zapatos termino desilusionada o conformándome con lo que me gusta y encuentro. Para Navidad mis viejos me regalaron unas sandalias, el día que las fui a comprar me pasó que no las encontraba en mi número por ningún lado y cuando ya estaba por renunciar a ellas las encontré... pero en 39. Y qué hice siendo tan viva como soy? Me las compré igual, en mi defensa voy a decir que eran las únicas sandalias que me habían gustado y que cuando me las probé me andaban bárbaro. Pero en casa noté que las tiras cruzadas de la parte del empeine me ajustaban. Las fui a cambiar dos veces y no tuve suerte así que enojada me volví a casa con las mismas sandalias en 39. Al principio me hicieron mierda los pies pero ya se acostumbraron y ahora no se quejan tanto y por el momento es lo que mejor soportan mis pies.
Así que si algún día tengo la oportunidad de ser una especie de Cenicienta voy muerta porque de seguro el zapato no me va entrar.
 

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