domingo, 11 de noviembre de 2012

Slow Down


Continua de aquí

Cuando cerró la puerta se dio cuenta que no podía ir más lejos. Se dejó caer en el suelo y se apoyó en la puerta.
La situación lo superaba. Y ella no hablaba, no decía nada. Eso lo desesperaba y no sabía qué hacer al respecto. Se pasó las manos por la cara y luego por el pelo. Prendió un cigarrillo. Como a la tercera pitada sintió sollozos. Ella había esperado a que se fuera para reaccionar. Pero, ¿por qué? Si él estuvo todo el tiempo esperando por la más mínima señal. Los sollozos se fueron convirtiendo en un llanto sonoro que iba en aumento. A los llantos le siguieron gritos ahogados y empezó a escuchar golpes. Se asustó y tuvo que volver con ella.
Al entrar se encontró con que estaba histérica llorando y golpeando la almohada. Cuando lo vio, se asustó y siguió llorando, pero esta vez se hizo un ovillo, avergonzada. Él se acercó y la obligó a incorporarse. La abrazó y le acarició el pelo. Pasaron unos minutos hasta que logró tranquilizarse.
-Perdón- dijo entre sollozos ahogados. Él asintió y la acarició.
-No hay problema- respondió murmurando.
-Sí, seguro- dijo sarcásticamente-. Que me estés calmando después de un ataque de histeria no es ningún problema-.
-Es lo que se espera que diga- respondió ofendido.
-No hay nadie que espere nada- le soltó-. Esperaba que te quejaras y me instaras a hacer algo, a decir algo-.
-Yo esperaba que hicieras o dijeras algo sin tener que pedírtelo-. Ella no respondió. Él siguió acariciándole el pelo.
-¿Qué vamos a hacer?- preguntó suspirando.
-No sé, Anto. No sé qué querés hacer. No me decís nada. Ese es el problema-.
-No me sale hablar de estas cosas...-
-Pero tenés que hacerlo sino me voy y no vuelvo más. ¿Eso querés?- le interrumpió.
-No- dijo cerrando los ojos-, no quiero que te vayas. A no ser que eso quieras. No pasa solamente por lo que yo quiera. Vos también querés cosas. Hay que encontrar un punto medio. Algo que ambos queramos- agregó.
-No siempre es así de simple. Si es por querer... Te quiero. No sé si lo sabes,  pero ahora sí- confesó y le dio un beso en la frente.
-Yo también te quiero- dijo dándole un beso en la mejilla.
-Entonces ya está, ¿o hay algo más de lo que quieras hablar?-
-Tantas cosas que ni siquiera quiero pensar ahora- replicó.
-Entonces no importan, cuando las quieras decir, decilas. No te voy a presionar. Sólo no te cierres-.
-Entendido- accedió.- ¿No me vas a besar?- preguntó medio sonriendo. Él sonrío y la besó.
 

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